Muchos me conocéis por mis cuadros, pero no en persona, así que aquí va un pedacito de mi historia.
Siempre he pintado, pero mi vida no iba por este camino. Durante 12 años trabajé rodeada de corbatas, tonos grises y algún que otro número rojo que se colaba entre mis excels. Hasta que un día, mi departamento desapareció… y con él, una parte de mí.
En vez de quedarme a llorar, hice lo que siempre me ha salvado: volver al mar. Esta vez sin tabla, ni botella, solo yo, el agua y el silencio.
Recuerdo perfectamente el camino de vuelta a casa, los días que siguieron, el vértigo… No fue fácil y no quiero idealizarlo, pero la vida me empujó a hacer lo que yo no me atrevía: volver a ser yo. Reír, respirar y pintar el agua que tantas veces me salvó de ahogarme.
Cada cuadro es un pedacito de ese viaje: una historia de transformación, libertad y calma.
Gracias por acompañarme en este camino ojalá mis obras os transmitan lo mismo que a mí me dio el mar: paz, fuerza y un respiro.